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La Coctelera

Categoría: LIBROS

LA CANCION DEL ATARDECER: UNA MÁGICA SINFONÍA DE LOS SENTIDOS...... Siddharth Dhanvant Shanghvi.

EL AUTOR: Shanghvi no ha cumplido aún treinta años y con esta primera novela ha conseguido varios galardones, como el premio Grinzane Cavour, en Italia, y Best book of the year del San Francisco Chronicle, y ha sido traducida a varios idiomas.
Desde muy niño le apasionó la lectura y tal vez, por haber nacido en una casa de té en la India, su imaginación aprendió a volar. La canción del atardecer es un hermoso cuento ambientado en la India colonial.

“El día que Anuradha Patwardhan salía de Udaipur rumbo a Bombay para casarse con un hombre al que ni siquiera había visto en sus veintiún años de vida, su madre le apretó la bonita mano por la ventanilla de la calesa negra y musitó: “esta vida, cariño mío, es inmisericorde”.
Así empieza “La Canción del atardecer” una frase decisiva en la vida de Anuradha, su protagonista, que verá como se va cumpliendo la afirmación de su madre a lo largo de su propia vida.
“La canción del atardecer”, es un relato mágico, donde el autor tal como el mismo nombre indica, va componiendo una bella canción a través de las historias de sus personajes. Historias trágicas que van marcando sus vidas, pero llenas de optimismo, de caracteres excéntricos y mágicos y a veces surrealistas,, pero con un trasfondo optimista, lleno de colorido y en un lenguaje muy descriptivo que hasta te hace escuchar esa bella melodía que Anuradha canta asomada a la terraza de Dariya Mahal. .

“Y ella dijo algo como que todo el arte era el amor en alguno de sus avatares. El rechazo del amor. El deseo del amor. La tristeza del amor. Pero en mi opinión es algo distinto. Tal vez el arte no sea más que un camino que parte del desamor. Un modo de lidiar con el vacío. Porque el amor, en su madurez, aniquila el impulso de crear sencillamente por ser creación. La experiencia vivida no busca una expresión externa; íntima y a salvo en sí misma, simplemente es.”
La Canción del atardecer es sin duda un cuento de hadas moderno, que te hace soñar, emocionarte, y vivir con intensidad cada frase, vivir cada tristeza, cada alegría de sus personajes, cada locura,.... y disfrutar con total intensidad de esta cautivadora historia de amores y pasiones que engancha desde el principio, adentrándonos en la India colonial y en el destino que hace despertar todos los sentidos.
“No hay cielo, Pallavi, ni infierno por el que no haya pasado ya... por eso veo que todo está aquí, la compasión que esperamos dar y la crueldad de la que suplicamos escapar. Aquí mismo. En las palmas de mis manos y en las plantas de tus pies. Sobre esta habitación y debajo de tu cama. Pero ¿sabes lo que me dijo mi madre hace siglos? Básicamente todos nosotros tenemos el control absoluto del destino. Porque el destino es lo que construimos cada día con nuestras buenas acciones. Con nuestro trabajo, nuestro dharma, con esos actos que se encuentran en completo desuso conforme a la ley de nuestro ser. Y eso es precisamente lo que hace tan crucial que no vuelvas a ver tu vida como una única existencia, sino más bien que trates de imaginarla como si fuera similar al agua. ¿Ves la lluvia que te arrancó del sueño en agosto? ¿Ves esa lluvia? Pues bien, nuestra vida es como el agua que cae del cielo y va a parar al arroyo. –Anuradha señaló el suelo-. Y luego, un buen día, el serpenteando arroyo desemboca en el río. Y fluyendo enfervorizado, este río pone rumbo al océano, donde descansa y juguetea. ¿Lo ves? Pero antes de que te des cuenta, esa misma gota de agua se alzará desde el pecho del océano y saldrá volando hacia el gran y vetusto cielo para convertirse en la nube de la que salió... y la vida vuelve a empezar una y otra vez. El trueno libera la gota, el rayo anuncia su regreso, y la tierra suspira desde el principio.... Ay, el viejo cielo que todos somos y el océano que siempre serremos...”

Daniel Mota.

"PAULA" DE ISABEL ALLENDE

Casi por casualidad llegó este libro a mí. Lo encontré entre miles de libros usados, en una tienda de Torremolinos cuando pasaba unos días de descanso en la ciudad malagueña. Lo vi, y decidí comprarlo a un precio irrisorio, quizás fue el precio, no lo niego, lo que hizo decidirme por él. De Isabel Allende solamente había leído “La casa de los espíritus”. Un libro que leí en la adolescencia, entre los cambios propios de la edad, de la incomprensión y de los rechazos hacia uno mismo por no saber aún quien eres ni a donde vas. Lo leí, me gustó, me entusiasmó y disfruté con la enmaraña oscura de aquella casa, y de una época desconocida por mí. Pero nunca más volví a recurrir a Isabel Allende. Pero volvamos a “Paula”.
“Paula”, es sin duda alguna el libro más íntimo y más conmovedor de Isabel Allende, y quizás el más duro desde la perspectiva personal, pues no hay nada más doloroso que perder a una hija cuando ésta apenas cuenta con 28 años. Aún así, “Paula” tenía que haber sido un canto de dolor por su hija, muerta como digo a los 28 años de trágicas circunstancias. Sentada a los pies de la cama en la que yace su hija, sumida en un largísimo coma que finalmente resultó irreversible, la intención primera de este libro era guardar la memoria común, en forma de carta, para entregársela a su hija cuando despertara. “¿Cómo serás cuando despiertes? ¿Tendrás memoria o tendré que contarte pacientemente los veintiocho años de tu vida y los cuarenta y nueve de la mía?”. Pero el recuento de los recuerdos de infancia y los secretos comunes no tarda en convertirse en una especie de exorcismo contra la muerte, al que poco a poco van sumándose los restantes miembros del clan familiar y las circunstancias históricas y personales de cada uno de ellos, hasta configurar un apasionado canto a la vida.
Reconozco sin orgullo, que hasta no leer “Paula”, no había tenido consciencia de lo que es la muerte, de la mía propia, o de lo que supone perder a un ser querido como en el caso de Isabel ante la pérdida de su hija, que se muere poco a poco, perdiendo a cada segundo un hilo de su vida, sin poder hacer nada para remediarlo, pero poniendo todo su esfuerzo por conseguir una muerte lo más dulce posible, rodeada de amor y de sus seres queridos. Las únicas muertes cercanas a mi vida fueron las de mi abuelos, cuando apenas era un niño y casi ni tenía consciencia de lo que suponía aquellas perdidas. Simplemente mis abuelos se fueron, uno tras otro, sin apenas darme cuenta, sin apenas tiempo para echarlos de menos en el trajín de mi crecimiento. No han habido muertes trágicas, ni siquiera enfermedades traumáticas hasta el momento dentro de mi familia o amigos, no hay nadie a quien echar realmente de menos. Por eso, mientras leía “Paula”, iba tomando consciencia de lo que es la muerte, enfrentándome a ella desde todos los puntos de vista posibles, dándome cuenta cuan susceptibles somos ante la vida y cuan poco importamos a la muerte. He tomado consciencia de lo que supone vivir, vivir cada momento, pero con la certeza de que en cualquier esquina puede estar la muerte esperándonos. He aprendido a respetar la muerte, la mía propia y la de mis seres queridos. “Paula” me ha acercado a la muerte pero también a la vida, a esa vida que Isabel propensa a su hija inconsciente, su lucha, su coraje de madre, pero sobre todo la dignidad para llegado el momento, saber desprenderse de lo físico, para aprender a vivir con el recuerdo y lo etéreo de cada ser.

Daniel Mota.